El viejo Higinio…

indexHiginio es cubano, tiene 91 años de edad, nació y vivió en un pueblecito de la Provincia de Pinar del Rio, al oeste de la capital provincial. En 1963 se marcho en un bote desde la playa de Punta de Cartas, fue a dar a las Islas Mujeres en México, para después llegar a los Estados Unidos. No fue político, se marcho cuando intervinieron la finquita que tenía su padre y en la que vivía la familia, se dedicaban al cultivo del tabaco. Cuando la intervención el hermano mayor protesto y se enfrento al interventor, fue acusado de contrarrevolucionario y condenado a 20 años de prisión. Los padres temerosos alentaron a los dos hijos varones a que se fueran, no querían les pasara lo que al hermano.
Su vida en Estados Unidos la pasa entre New Jersey y Miami, hoy vive en Hialeah Gardens con una hija. Nunca viajo a Cuba en 52 años.
El rostro se contrae, nos dice que en el exilio conoció las noticias de las muertes de los padres y una hermana, siempre días después. No habían llamadas y el correo demoraba meses. En 1980 el hermano mayor fue liberado por gestión de un político americano, no recuerda el nombre, vino para Miami. Dos hermanos, el que vino con él y el preso, también una hermana murieron sin haber regresado a la isla.
En enero pasado alentado por los llamados cambios decidió viajar por primera vez a Cuba, para visitar el cementerio donde descansaban los padres y familiares. Con lágrimas habla del viaje, el encuentro con los padres.
Sin merma en las lágrimas expresa que ahora se siente más golpeado que antes de ir. Soñó siempre con el regreso, en su mente lúcida permanecían los recuerdos del hogar, la finquita, el pueblo y las amistades.
Un sollozo profundo le quiebra la voz, en un arranque maldice el día que decidió viajar, con la mirada fija y con voz fuerte repite: “lo perdí todo, hasta los recuerdos” a continuación “para que quiero vivir”.
“La bóveda la vendieron, nadie conoce donde están los restos de mis padres, abuelos, tíos y otros familiares allí enterrados”, “La finquita esta abandonada, no hay siembras solo aromales, la casa no existe, solo unos bajareques donde viven no sé cuantas personas de todas razas y edades, unos encimas de otros, porque no hay espacios para todos” “Los niños en harapos, las mujeres medios desnudas y los hombres fumando todo el tiempo, eso sí con celulares mejores que el mío de tapita”.
Sin detenerse continua “El pueblo es un desastre, sucio y en ruinas, el parque lleno a todas horas, jóvenes y viejos sentados en los bancos fumando, con el teléfono pegado a la oreja y tomando cervezas”, los ojos brillan, mira a la distancia, prosigue tras unos instantes “Hablan que no se les entiende… un desastre” repite moviendo la cabeza.
“Lo último es que jovencitas casi niñas se te acercan para proponerte sexo, a un viejo, no les importa es solo el dinero” “Los chulos las mandan a ofrecer servicios como dicen a cambio de dólares”.
“Me lo robaron todo, maldito el día en que decide viajar a Cuba”.
Higinio tiembla, está mal y temo por su salud, le pido se calme, quiero desviar la conversación pero agrega “Cuba no existe, los comunistas la mataron”.
El encuentro con Higinio ha sido fuerte, más de lo esperado, no miente y menos exagera, nos contagia su enfermedad.

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