Masacre de Loma de San Juan, enero 12 1959

fosa comun fusilamientoAl anochecer del lunes 11 de enero de 1959, la población de Santiago de Cuba, al igual que el resto del país, aun festejaba el triunfo de la revolución, mientras, por las calles de Santiago se desplazaban a moderada velocidad, varios autos y camiones, en dirección al Campo de Tiro ubicado en el Valle de San Juan.

Al arribar los vehículos al Campo de Tiro, salieron de los mismos un grupo considerable de hombres vestidos de verde olivo, largas barbas y melenas, los barbudos. En sus manos armas largas de diferentes clases y calibres, de inmediato procedieron a bajar de los camiones a hombres con las manos atadas.

En un lapso de dos horas, llegaron más transportes con prisioneros que fueron llevados a donde se encontraban los otros detenidos, en total unos sesenta prisioneros, custodiados por más de 200 barbudos.

Cerca del grupo un buldózer, pasadas las 2 de la madrugada llegan varios jeeps y autos, entre los que llegan destaca uno joven sin barba y con el pelo largo recogido hacia atrás, un rabo de mula. Los presentes le identifican de inmediato, es Raúl Castro el hermano de Fidel.

De inmediato, los custodios conducen a los prisioneros en dirección a donde esta el buldózer, detrás de este, una zanja profunda de unos 20 a 25 metros de largo. A empujones los prisioneros son alineados de espaldas al foso, hay confusión, los van a fusilar.

Raúl Castro y sus acompañantes observaban, a una orden se forma un escuadrón frente a los infelices prisioneros, sin más preámbulo se escucha la orden de FUEGO.

Son aproximadamente las cuatro y minutos de la mañana del día 12 de enero de 1959. La metralla salida de las más diversas armas impacta los cuerpos de aquellos hombres y caen de espaldas a la zanja.

El buldózer se pone en marcha y comienza a cubrir el foso con la tierra de la propia excavación de la zanja, en su interior yacen los cuerpos de los ejecutados. Setenta y dos hombres, según fue publicado el 14 de enero de 1959, en el diario Revolución, la reconstrucción de las evidencias establecen que en realidad fueron setenta y tres los ejecutados.  Este abominable hecho se conoce como la Masacre de Loma de San Juan.

A continuación se reproducen textos y declaraciones publicas de quienes conocieron de forma directa los hechos, testimonios que permiten conozcamos los antecedentes y como se realizo la masacre.

El periodista Antonio Llano Montes, testigo y conocedor de lo ocurrido, relata en un programa trasmitido en la estación WAQI Radio Mambí (Miami), el lunes 28 enero 2002 a las 9 a.m. lo ocurrido en la Loma de San Juan:

 “Fuimos a reportar el juicio que se les hacía a 72 infelices. Estábamos presentes cuando Raúl Castro interrumpió al tribunal y dijo: “Si uno es culpable, los demás también lo son. Los condenamos a todos a ser fusilados”.

Más tarde me dijeron que estaban abriendo la zanja en el campo de tiro, en el campamento militar de Santiago de Cuba, frente a donde iban a fusilar a esas 72 personas. En la tarde yo me dirigí hacia allí, para retratar la zanja, y saludé al sacerdote que iba a asistir a los condenados a muerte. Después de tomar la foto, comenzaron a llegar los prisioneros en camiones, y yo no quise presenciar el macabro espectáculo, y me fui atravesando a pie todo el campo de tiro, y tomando un taxi que me llevó de nuevo al hotel. En honor a la verdad, nosotros no presenciamos el monstruoso crimen de Raúl Castro.

Mas tarde me dijeron que estaban abriendo la zanja en el campo de tiro, en el campamento militar de Santiago de Cuba, frente a donde iban a fusilar a esas 72 personas. En la tarde me dirigí hacia allí, para retratar la zanja, y saludé al padre Chabebe, que era el sacerdote que iba asistir a los condenados a muerte. Después de tomar la foto, comenzaron a llegar los prisioneros en camiones, y yo no quise presenciar el macabro espectáculo, y me fui atravesando a pie todo el campo de tiro, y tomando un taxi que me llevó de nuevo al hotel. En honor a la verdad, ni Bernardo Viera Trejo, ni yo presenciamos el monstruoso crimen de Raúl Castro. Es mas, Vierita no estuvo ni en el campo de tiro.

Al día siguiente volví al campo de tiro, y vi. que la zanja con los cadáveres de aquellos 72 infelices, había sido tapada con tierra, y pude ver algo que me horrorizó, la mano de uno de los fusilados que salió fuera de la tierra y se agarraba a una piedra, esto indicaba, que mucho de los fusilados, los habían enterrado vivo. Y en aquellos días, en que fusilaban a cualquiera por cualquier cosa, yo tuve la osadía de publicar el reportaje de la zanja, de los fusilados, y de los que enterraron vivos. Eso me trajo como consecuencia que me llamara Luís Gómez Wangüemert, jefe de la redacción de la revista, y me dijera que el gobierno de Fidel estaba molesto con lo que yo había publicado en Carteles. Y ahí está, y lo pueden ver, y que me cuidara por que iban a tomar represalias conmigo.

A los dos días, Carlos Franqui en el periódico Revolución, me estaba llamando agente del imperialismo, y enemigo de la revolución. Eso equivalía a que me fusilaran, por menos que eso fusilaban a cualquiera. Esa es la verdad, de lo que ocurrió en Santiago de Cuba, en esos días en que se enjuiciaron y se fusilaron 72 personas en una noche, por órdenes directas de Raúl Castro.

El otrora comandante Hubert Matos, jefe de la columna 9 de las guerrillas lideradas por Fidel Castro, declara “fue en Oriente, poco tiempo antes de la toma del poder, donde se tomaron las decisiones que debían sellar el futuro del nuevo régimen. La primera de ellas fue el castigo a los “esbirros” de la dictadura. Una “justicia severa”, según la expresión reiterada constantemente por Fidel Castro.

“Tenemos que aplicar la justicia revolucionaria para que nunca más se cometan crímenes desde el poder. No nos puede dar pena, no nos puede causar preocupación, porque nosotros tengamos que fusilar, tengamos que castigar a los criminales de guerra. Hay que establecer las bases para que en la Cuba del futuro nunca más haya esbirros.”

Además de Fidel y Raúl Castro, asistían a esta reunión decisiva, que tuvo lugar en El Cobre, algunos comandantes del Ejército Rebelde. Entre ellos estaba Hubert Matos quien, algunos meses más tarde, debió comparecer él mismo ante un tribunal revolucionario para ser condenado a 20 años, y que explicaba de este modo el proceso.

“La justicia revolucionaria es la primera etapa del terror revolucionario. Es el condicionamiento de la mente del cubano. Con el pretexto de castigar a los grandes culpables, se va creando en la mentalidad del pueblo cubano la idea que se puede aplicar una justicia severísima porque el poder lo puede todo.”

El primero en poner en práctica las consignas fue Raúl Castro.

Un titular del diario Revolución, órgano del movimiento del 26 de Julio, publicaba en primera plana el 14 de enero de 1959:

“¡EXCLUSIVA! ¡VEA LA LISTA DE LOS FUSILADOS EN SANTIAGO!”

Se trataba de soldados y oficiales del cuartel Moncada, el mismo que los hermanos Castro habían intentado atacar, sin éxito, en 1953. Menos de seis años más tarde, tomaban su revancha, por medio de ese acto simbólico.

Los militares que los habían puesto en fuga y que habían torturado o asesinado a varios de sus compañeros ya no estaban probablemente en funciones en ese cuartel, poco importaba. Ellos también eran considerados “esbirros” a sueldo de Batista. Su muerte había sido ordenada por un Tribunal Revolucionario constituido apresuradamente por Raúl Castro. Fue la primera manifestación del terror puesto en práctica por la revolución cubana.

En 1966, Raúl Castro tomó la precaución de hacer desaparecer los cuerpos que permanecían en la fosa común del campo de tiro de Santiago de Cuba. Hizo construir grandes ataúdes de cemento, que fueron llevados en barcos para ser largados en alta mar, lo más lejos posible de la costa sur de Oriente, en aguas muy profundas. Jamás volverían a la superficie las huellas del crimen.

Fidel y Raúl Castro pretenden que el tiempo y la desaparición de las evidencias, que el crimen sea olvidado, una vez mas se equivocan, la Masacre de Loma de San Juan les perseguirá mas allá de sus presencias en este mundo, la justicia y la historia les condenan.

Relación de los ejecutados en Loma de San Juan el 12 de enero de 1959.

Abreu Galván, Mario

Álvarez, Antonio

Álvarez Roque, Andrés

Amador, Oscar

Álvarez Díaz, Fernando

Aragón, Fidel

Balboa López, Ángel Luís

Barrero Silva, Antonio

Bautinal Bell, Juan

Bello Tamayo, Efrén

Bravo Montalvo, José

Bocaña Callazo, Rafael

Caballero, Miguel

Calá de la Rosa, Leonel

Castillo Ramírez, Pedro

Castro Lora, Víctor M.

Cedeño, Cesar

Chacón Santa Cruz, Emerico

Cortes Maldonado, Benito

Coso Pérez, René

Curiet, Manuel

De la O, Arístides

Denis, Justo

Despaigne Moret, Enrique

Díaz, Rodolfo

Díaz Rodríguez, Fernando

Díaz Zamora, Raúl

Duarte Anaya, Raúl Damián

Durán Matos, Facundo

Estrus Clavijo, Arturo

Fernández Tirado, Eloy

Fernández Valdés, Ernesto

Fernández Valverde, Ernesto

Ferrán, Alonso

Fonseca, Mario

Gil, Alfredo, Raimundo

González, Marino

González Guillot, Manuel de Jesús

Gutiérrez García, Juan

Gutiérrez Valdés, Antonio

Haza Grasso, Bonifacio – dominicano-

Hernández Morales, José

Heredia, Ramón

Herrera Duque, Heliodoro (Eliotón)

Leiva, Ángel

López Despaigne, Aristonico

López Toledano, Arístides

Martín Céspedes, Alberto

Morales Carrillo, Antonio

Morfi Castillo, Jose Ramon

Montero, Armando Martín

Novas Hernández, Nicolás

Odio, Israel Arencibia

Oliu Cordero, Federico

Oduardo, Eraclio

Olea Gross, Domingo

Olea Gross, Miguel Ignacio

Olivera Azains, Pedro

Ortiz Verdecia, Armando

Peña Martínez, Manuel

Portuondo Rodríguez, Luís A.

Prats Cervantes, Manuel

Ramírez Caballero, Antonio

Reitor, Antonio

Rivera Nordet, Juan A.

Roque del Toro, Benigno

Rodríguez Pérez, Pedro

Saavedra Pinedo, Celso

Saavedra Romero, Francisco

Torres del Toro, Benigno

Torres López, Filiberto

Torre Martínez, Juan José

Zenen Jiménez, Mas

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Una respuesta a Masacre de Loma de San Juan, enero 12 1959

  1. Aqui se habla del Comandante Huber Matos como si simplemente fuera una persona ajena a la Barbarie de los fusilamientos Castristas y eso no es verdad. Hubert Matos fue nombrado jefe del Cuartel Agramonte, en Camaguey, poco tiempo despues del triunfo de la Robolucion debido a que el primer comandante nombrado para esa plaza se nego a fusilar a nadie debido a que el reconocio que la Robolucion se hizo para devolverle al pueblo cubano el pleno funcionamiento de nuestra constitucion de 1940 y en ella se prohibe el fusilamiento.
    Hubert Matos fue entonces nombrado para ocupar su puesto y desde el primer momento que llego empezo a fusilar a diestra y siniestra y en muchos casos sin ni siquiera pasarlos por la farza de ninguno de los simulacros de juicio que hacian los Fidelistas
    Preguntelen a cualquier Camagueyano y lo comprobaran.

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