Gracias padre Loredo

El sacerdote franciscano Miguel Ángel Loredo, falleció este sábado en St. Petersburg, Florida, a los 73 años, víctima de cáncer.

Con él desaparece un testimonio viviente del enfrentamiento de la Iglesia Católica con el régimen de Fidel Castro, incansable luchador por las libertades democráticas en la isla y pilar espiritual de la comunidad cubana en el exilio.

“Fue un hombre muy valiente, firme en sus principios y en su fe, que no dejó nunca de levantar su voz para denunciar los horrores que vivió en carne propia en las cárceles de Cuba”, recordó Abel Nieves Morales, quien compartió años con Loredo varias prisiones cubanas”.

Recientemente confeso a sus íntimos que se apoyaría en su fuerza interior para despedirse, uno a uno, de sus entrañables compañeros de presidio, que fueron “mi vida, mi amor y mi alma”.

Nacido en La Habana en 1938 desde muy joven abrazo dos pasiones que le acompañarían para siempre su vida: la fe católica y el amor por la pintura.

Al triunfó de la revolución de 1959, Loredo ya había decidido que sería sacerdote, su formación teológica se produjo en España, entre 1960 y 1964.

Se ordenó el 19 de julio de 1964 y un mes después regresó a Cuba, en momentos de agrias relaciones entre la Iglesia Católica y el gobierno comunista, que ya había enseñado sus verdaderas intenciones con la expulsión de 131 sacerdotes en 1961.

Fue designado para asumir su labor pastoral en la Iglesia de San Francisco, en La Habana, y también como párroco de Guanabacoa. Carismático y joven, cautivó las simpatías de los feligreses y provocó la ira gubernamental por sus desafiantes sermones contra el ateísmo, impuesto como doctrina a los cubanos.

En 1966 fue arrestado en la Iglesia de San Francisco, acusado de brindar protección a un prófugo de la justicia, esconder armas y conspirar con la CIA.

El padre Loredo no admitió nunca su culpabilidad y mantuvo siempre que  el caso fue fabricado por la Seguridad del Estado, con la colaboración de un seminarista bajo chantaje.

En un juicio amañado fue condenado a 15 años de cárcel, no se sometió al régimen de reeducación y se declaró preso “plantado”, fue sometido a golpizas, crueles atropellos y trabajos forzados en las prisiones de Isla de Pinos, La Cabaña, Guanajay y El Príncipe.

En el presidio organizó misas clandestinas para los presos políticos y participo en numerosas huelgas de hambre en protesta por la condiciones de su confinamiento.

En una carta del 11 de junio de 1968, enviada a Monseñor Cesar Sacchi, entonces representante de la Nunciatura Apostólica en La Habana, escribió: “Me siento orgulloso de participar en esta lucha con miles de hombre de tanto valor y sentido patrio como hay en este presidio cubano. (…) Y también quiero decirles que siento al ver el olvido en que el Occidente libre nos mantiene, en el silencio de todos, en la indiferencia, mitigada únicamente por las quejas de los seres queridos impotentes”.

Por gestiones del Vaticano, Loredo fue liberado el 2 de febrero de 1976, se le ordenó que no hablara públicamente ni ofreciera entrevistas de prensa.

El gobierno no acepto que se le nombrara profesor de Teología en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio en La Habana, lo que forzó su salida del país con destino a Roma en 1984.

En el exilio no tardó en alzar su voz contra la carencia de libertades en Cuba, se radicó en Puerto Rico en 1987, donde continuó su labor eclesiástica y comenzó su colaboración con la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, en Ginebra. Su vibrante testimonio ese año figuró en el  documental “Nadie escuchaba”, de Néstor Almendros y Jorge Ulla.

Colaboró con la organización Pax Christi, organización católica que monitorea la situación de los derechos humanos alrededor del mundo.

Le fue prohibida el regreso a Cuba, en 1991 fue trasladado a la Iglesia de San Francisco en Nueva York.

Fue incluido en la lista de clérigos y personalidades religiosas que viajarían desde Estados Unidos a Cuba por la visita del Papa Juan Pablo II en 1998, el gobierno cubano le negó la entrada.

Loredo nunca dejó de pintar y escribir poesía, actividades que consideraba en estrecha comunión con su misión espiritual, fue en el 2002 que decidió exhibir sus pinturas a una audiencia amplia., una muestra de 30 óleos suyos fue presentada en la Carol LaPlante Gallery de Nueva York, en conmemoración del primer aniversario de la tragedia del 9/11.

“Para mí pintar es elegir una manera de arreglar una visión personal de la realidad sobre una superficie plana donde se incorporan diversas áreas del espíritu, así como de la memoria y de la profecía “, expreso.

Sus pinturas se exhibieron con regularidad en Miami, su obra creativa incluye el libro de testimonios Después del Silencio, y los poemarios De la Necesidad y del Amor,  Los Súbitos Quebrantos y Uno.

Un hombre al servicio de Dios, un cubano ejemplar, una victima del castro comunismo por su pensamiento, entrega y dedicación, un ejemplo a los religiosos cubanos que callan y se alejan del camino que siguió el padre Loredo, camino que el propio Jesús trazo a sus discípulos cuando les expreso: “por seguirme a mí seréis perseguidos”.

Que descanse en Paz  el padre Loredo.

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